Tienes la cólera,
el enigma, la sabiduría,
la altiva belleza,
el halo de luz,
y el deseo irrefrenable
que extravía la razón.
Así debieron ser las diosas
que cantaban los antiguos.
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miércoles, 12 de marzo de 2008
Vivian Elena
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martes, 13 de noviembre de 2007
Salones colectivos
Ejercita su vientre y me convida, casi lateral,
a proponer un ciclo en la geometría del movimiento.
No tan joven, la muchacha que ejercita su vientre
en los salones colectivos, quisiera también una mano deslizada,
un masaje en la espalda, una porción de crema
en los intersticios de la piel que el sudor hace lustrosa.
Cada tarde antes del baño, ella se sitúa
entre el alto espejo de pared y los cojines rojos
donde acostumbro leer a Heredia, Zenea, Martí, Casal, Guillén...
Yo recobro las palabras de un país, los ciclos en que se gesta
el movimiento oculto de la imagen, que después acogen multitudes.
Ella recorre la distancia mínima entre mi voz
y las últimas cremas importadas de Europa, ejercita su vientre,
pedalea con las piernas hacia el falso techo.
En el alto espejo que diluye la caída de los cuerpos
y de los antiguos valores, la imagen nos convida,
nos acoge múltiples, entre las manchas repetidas del azogue.
Edel Morales
a proponer un ciclo en la geometría del movimiento.
No tan joven, la muchacha que ejercita su vientre
en los salones colectivos, quisiera también una mano deslizada,
un masaje en la espalda, una porción de crema
en los intersticios de la piel que el sudor hace lustrosa.
Cada tarde antes del baño, ella se sitúa
entre el alto espejo de pared y los cojines rojos
donde acostumbro leer a Heredia, Zenea, Martí, Casal, Guillén...
Yo recobro las palabras de un país, los ciclos en que se gesta
el movimiento oculto de la imagen, que después acogen multitudes.
Ella recorre la distancia mínima entre mi voz
y las últimas cremas importadas de Europa, ejercita su vientre,
pedalea con las piernas hacia el falso techo.
En el alto espejo que diluye la caída de los cuerpos
y de los antiguos valores, la imagen nos convida,
nos acoge múltiples, entre las manchas repetidas del azogue.
Edel Morales
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viernes, 28 de septiembre de 2007
Entre dos intolerancias
Entre dos intolerancias:
así vamos viviendo, sobre-
vaciando el día,
la radical oculta en los espejos.
Así vamos:
educados en la razón fundamental,
tablero magro entre dos antagonismos
que disputan su partida.
Apresados de a tres por bando,
de uno en fondo
hacia la muerte, así vamos,
gente que se crece en la lucha,
hijitos plenos del encono y la abominación.
Para volver un día
soñamos, saludables y solemnes
a veces soñamos
la radical oculta en los espejos.
Como adolescentes febriles procuramos distancia,
soñamos un tiempo lejos, un tiempo D
que habrá que construir.
Y así vamos viviendo, sobre-
vaciando el día, apresados en el fondo oscuro
entre dos intolerancias obcecadas
que disputan nuestras vidas.
ALBEM FUENTES
así vamos viviendo, sobre-
vaciando el día,
la radical oculta en los espejos.
Así vamos:
educados en la razón fundamental,
tablero magro entre dos antagonismos
que disputan su partida.
Apresados de a tres por bando,
de uno en fondo
hacia la muerte, así vamos,
gente que se crece en la lucha,
hijitos plenos del encono y la abominación.
Para volver un día
soñamos, saludables y solemnes
a veces soñamos
la radical oculta en los espejos.
Como adolescentes febriles procuramos distancia,
soñamos un tiempo lejos, un tiempo D
que habrá que construir.
Y así vamos viviendo, sobre-
vaciando el día, apresados en el fondo oscuro
entre dos intolerancias obcecadas
que disputan nuestras vidas.
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martes, 25 de septiembre de 2007
Acumulaciones
Deste poco existir ya estoy cansado
de escapar por estas calles sin retorno:
mañanas, tardes, noches junto al horno
inclemente que mi risa se ha cobrado.
Cuando palpo el batir del encrespado
mar en la filosa roca de su adorno,
cuando actúo escenas casi porno
de un tiempo enfermo en su apagado
cielo, vuelvo a preferir el descontento
natural y aquellos ciclos de intemperie
que ponían nervio y luz al firmamento.
Últimas secuencias de una larga serie
de equívocos y entrega sin sustento
que avivan su final por la congerie.
ALBEM FUENTES
de escapar por estas calles sin retorno:
mañanas, tardes, noches junto al horno
inclemente que mi risa se ha cobrado.
Cuando palpo el batir del encrespado
mar en la filosa roca de su adorno,
cuando actúo escenas casi porno
de un tiempo enfermo en su apagado
cielo, vuelvo a preferir el descontento
natural y aquellos ciclos de intemperie
que ponían nervio y luz al firmamento.
Últimas secuencias de una larga serie
de equívocos y entrega sin sustento
que avivan su final por la congerie.
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Estuches de ocasión
resígnate
a
ser
un
prisionero
-uno
guardado
tras
las
rejas
de
la
luminosa
vida
civil.
ALBEM FUENTES
a
ser
un
prisionero
-uno
guardado
tras
las
rejas
de
la
luminosa
vida
civil.
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viernes, 21 de septiembre de 2007
El largo jueves
T
O
D
O
el
largo
jueves
en tertulias por El Vedado;
luego, pasar a verte
–es posible, el jueves, ya tarde,
pasar a verte– es posible,
un beso, un gran beso en la boca morbosa,
el jueves –una hora de jueves,
para arreglar el mundo–
(siempre)
antes de
la noche larga
el largo día pretencioso y mísero
(siempre)
arreglar el mundo,
construir un Jardín, un parlamento bonito
en tertulias por El Vedado
–misión imposible–
(siempre)
la tarde viciada,
la trilzura achicada de la tarde
en el largo jueves de pasar a verte
a una hora ajustada
(siempre)
con el sabor del café en los labios
con el limpio aroma de las muchachas en flor
que llega y se instala
y que también se extingue
(siempre)
Albem Fuentes
O
D
O
el
largo
jueves
en tertulias por El Vedado;
luego, pasar a verte
–es posible, el jueves, ya tarde,
pasar a verte– es posible,
un beso, un gran beso en la boca morbosa,
el jueves –una hora de jueves,
para arreglar el mundo–
(siempre)
antes de
la noche larga
el largo día pretencioso y mísero
(siempre)
arreglar el mundo,
construir un Jardín, un parlamento bonito
en tertulias por El Vedado
–misión imposible–
(siempre)
la tarde viciada,
la trilzura achicada de la tarde
en el largo jueves de pasar a verte
a una hora ajustada
(siempre)
con el sabor del café en los labios
con el limpio aroma de las muchachas en flor
que llega y se instala
y que también se extingue
(siempre)
Albem Fuentes
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jueves, 20 de septiembre de 2007
Con cierta elegancia
Cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo,
conviene –corresponde bien–
al modelo que predomina
y triunfa. En la ciudad abigarrada.
En los festines –sexuados–
de sus bares y casonas, conviene:
cierta elegancia en la boca,
cierto desacuerdo.
En las playitas privadas,
en los puentes de una sola dirección,
en las antiguas plazas –solitarias–
que frondosamente te reciben,
conviene mostrar: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.
En la piel seductora de sus hijas, conviene.
No olvides ese dato.
Te recibe amena. Abre
para ti sus galerías. Se entrega
sin reservas –un cuerpo
arreglado para la especulación.
Pero exige. Se entrega y exige,
un resguardo seguro: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.
Conviene: un poco
de travestismo. En la lógica
virtual de los internautas, conviene.
En las rápidas avenidas luminosas,
conviene: bajar velocidades. En
la extensa tradición comentada
por los libros –que vuelven a ser época–
conviene: cierta elegancia en la boca,
cierto desacuerdo.
No olvides ese dato.
Corresponde bien al modelo
que predomina y triunfa.
ALBEM FUENTES
en la boca, cierto desacuerdo,
conviene –corresponde bien–
al modelo que predomina
y triunfa. En la ciudad abigarrada.
En los festines –sexuados–
de sus bares y casonas, conviene:
cierta elegancia en la boca,
cierto desacuerdo.
En las playitas privadas,
en los puentes de una sola dirección,
en las antiguas plazas –solitarias–
que frondosamente te reciben,
conviene mostrar: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.
En la piel seductora de sus hijas, conviene.
No olvides ese dato.
Te recibe amena. Abre
para ti sus galerías. Se entrega
sin reservas –un cuerpo
arreglado para la especulación.
Pero exige. Se entrega y exige,
un resguardo seguro: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.
Conviene: un poco
de travestismo. En la lógica
virtual de los internautas, conviene.
En las rápidas avenidas luminosas,
conviene: bajar velocidades. En
la extensa tradición comentada
por los libros –que vuelven a ser época–
conviene: cierta elegancia en la boca,
cierto desacuerdo.
No olvides ese dato.
Corresponde bien al modelo
que predomina y triunfa.
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